martes, 7 de septiembre de 2010

A mis maestros


A veces recuerdo con cariño las enseñanzas de vida que me han dejado mis queridos maestros. Uno de ellos me enseñó que la distancia más corta entre dos puntos es la linea recta, por algún motivo esa máxima tan simple impactó profundamente en mi vida. Puede interpretarse de muchos modos: Ser directo, buscar soluciones simples. Me ha servido muchas veces como guía,cuando las cosas se complican.

Ese mismo maestro nos enseñó que el detergente también sirve para lavarse el pelo, aunque no lo sé si lo dijo como broma...

Otra maestra de castellano con su pretérito pluscuamperfecto y su pasión por los autores chilenos como Olegario Lazo, Baldomero Lillo ,etc.me traspasó su amor a los libros.

Aunque como alumno era disperso, pues estaba siempre en la luna, en las nubes y ramas de los árboles que rozaban los ventanales, la vocación impregnada en ellos me buscaba, e inconcientemente intentaba seguirles la idea que estuvieran exponiendo.

Era de esos alumnos que casi no necesitaba estudiar, pues mi mente era sumamente creativa y

llegaba a la resolución de los problemas a pura intuición.Para las pruebas no necesitaba estudiar mas que un repaso .Habían materias en las cuales definitivamente no estudiaba nada, inglés por ejemplo ciencias naturales,ciencias sociales e historia. Matemáticas fue mi talón de Aquiles siempre, paradógicamente aunque me gustaba me iba pésimo.

Ya en la universidad y siguiendo con ese mismo autismo disperso me encantó el concepto de tormenta de ideas. Para la resolución de cualquier problema anotar todas las ideas que se vengan a la cabeza, incluso las más disparatadas, que algo va a salir de eso, algo bueno.



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